Para la mano izquierda

La música comisionada por Paul Wittgenstein

Paul Wittgenstein fue un pianista Austriaco que creció en el seno de una familia artística. Entre los amigos familiares estaban Mahler, Brahms, Strauss. Incluso su abuela conoció a Felix Mendelssohn. Paul nació en 1867, desde su debut como pianista en 1913 ya estaba consiguiendo buenas críticas. Sin embargo, no fue una buena época para nada en Europa. Inició la guerra mundial y el pianista terminó sirviendo en el frente. En 1914 participó en la Batalla de Galicia (Galicia en Lemberg, ahora Ucrania, no Galicia, España). Esa batalla fue devastadora para el ejercito Austro-Hungaro. Wittgenstein recibió un balazo en el hombro derecho y fue capturado por el ejercito ruso. Su recuperación fue en calidad de prisionero de guerra en Rusia, en la gélida región de Siberia. Perdió el brazo a raíz de su herida, pero esto no lo alejaría del campo artístico. Todavía en Siberia como  prisionero de guerra, decidió que seguiría con el piano y una vez que regresó a su hogar contactó a varios compositores. Entre estos ellos estaban: Paul Hindemith, Benjamin Britten, Sergei Prokofiev y Maurice Ravel. Todos escribieron algo, aunque no llegó a tocarlo todo lo que le escribieron. 

De Prokofiev dijo que no comprendía su concierto No. 4. Así que lo tocaría una vez lo pudiera entender mejor. Cosa que al parecer nunca sucedió, pues murió sin haberlo interpretado. Es uno de los únicos trabajos de el Enfant terrible que no fue estrenado durante su vida. Quizá era demasiada fuerza y potencia para Wittgenstein. O el contrapunto demasiado sui generis. Espero que no lo haya “dejado en visto” sólo porque Prokofiev compartía nacionalidad con sus captores. Y pues lo que pasa en Siberia se queda en Siberia! 

Paul Hindemith también escribió por encargo de Wittgenstein, pero los tocayos simplemente no se entendieron. Al pianista directamente, no le gustó lo que había escrito el compositor. Y no sólo eso, sino que escondió la partitura en su estudio. Literalmente, la metió en un cajón y no permitió que viera la luz del día. Y el se sentía con todo el derecho de hacer esto, ya que en el contrato que firmaba con los compositores, se estipulaba que sólo él tenía los derechos de interpretación mientras siguiera ofreciendo conciertos. Entonces podía decidir el destino de una obra, excepto destruirla. Su idea era “No construyes una casa para después no vivir en ella. Yo encargué y pagué esos trabajos, la idea es toda mía” Un pensamiento un tanto egoísta a mi forma de ver. Como lo podemos ver en el caso de Hindemith. Aunque también Wittgenstein dijo que su intención era que “los trabajos estuviesen disponibles para todos, no juntando polvo en su repisa en detrimento del compositor.” (Kallman, 2012) Qué amable.

Sin embargo, fue sólo hasta la muerte de la viuda del pianista, en el 2002, después de 39 años de la muerte de Hindemith y casi 80 años desde la composición de su Música para piano y orquesta (piano con la mano izquierda) cuando se dio con esta partitura. Que también tiene su dosis de fuerza, armonías disonantes y angulares. Que al parecer, a Paul el “quince-uñas” no le gustó. 

Otro ejemplo es lo que pasó con Britten. En 1940 conoció a Paul Wittgenstein en NYC. Haciendo uso de sus amplias facultades financieras, le hizo el encargo para ampliar su repertorio siniestro. En 1942 se realizó la premiere en Philadelphia, esta vez Paul decidió favorecer al compositor con su interpretación, no sin antes haber sugerido varios cambios a la orquestación, los cuales Benjamin rechazó… al principió, después aceptó, pero obviamente se arrepintió a tal punto que en la década de los años 50, realizó una versión revisada para hacer obsoleta la versión de Wittgenstein. Aunque este mantuvo los derechos de ejecución por varios años, sin dejar que otros pianistas pudieran tocar la obra. Practicas monopólicas le dicen.

Con Ravel no fue muy diferente. Durante la premiere el propio Maurice indicó que escuchó cambios significativos a la partitura. Armonías alteradas, orquestaciones muy diferentes, melodías en el piano en vez de la orquesta, etc. Y Ravel fue un absoluto maestro de la orquesta. Mover una nota de Ravel a otro instrumento, es como llevar un tigre y dejarlo en una reserva de monos araña. El pianista no estaba muy contento con la pieza, pues decía que se notaba una fuerte influencia de Jazz. Aunque después llegó a gustarle. No sé qué trato hizo Ravel, pero consiguió que el concierto pudiese interpretarse con un pianista francés. Al parecer fue un candado a esos derechos de interpretación, pues fueron sólo 5 años después de la premier con Wittgenstein cuando Ravel consiguió que el pianista Jacques Fevrier hiciera el re-estreno, primero en París y luego en Boston de la partitura tal y como la conocemos ahora. En la imagen podemos ver al compositor con Jacques Fevrier (1900-1979)

Con el tiempo, la obra que mas ha ganado notoriedad es el concierto de Ravel para la mano izquierda. Existen mas, muchos mas. Hay trabajos para música de cámara y piano solo. Durante el siglo XX, podemos agradecer (o al menos reconocer) a Paul Wittgenstein por motivar la creación de un nutrido acervo de piezas escritas exclusivamente para la mano izquierda. Ha habido piezas escritas antes y después de Wittgenstein, pero sin duda el ayudó a ganar notoriedad en este tipo de repertorio. Definitivamente se necesitaba alguien de su carácter (y solvencia económica) para lograrlo.

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